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Esctrito por:
  • Juan Pablo Martínez

    Gerente de Marketing & Asuntos Corporativos

La densificación de Santiago y sus externalidades ha sido un tema de mayor interés para políticos, empresarios, organizaciones ciudadanas y medios de comunicación, antes que para las escuelas de arquitectura.

Por esas inesperadas vueltas que da la vida, llevo varios años estudiando nuestro particular proceso de densificación. Si antes pasé años tratando de comprender las características de la nueva sociedad que emergía producto de la irrupción del consumo de masas, por cierto, bastante antes que Carlos Peña convirtiera el tema en una clave de lectura relevante de nuestro acelerado proceso de modernización, hoy canalizo parte importante de mis inquietudes de investigador social analizando las luces y sombras del crecimiento vertical de la ciudad y del que podría ser el gran fenómeno urbano de los últimos quince años. Producto de esta nueva línea de investigación, el año 2015, junto a otros dos autores, publicamos el libro “Infilling: Como cambió Santiago y nuestra forma de vivir la ciudad”, dos años antes de que estallara, a nivel de opinión pública, el problema de la híper densificación en la comuna de Estación Central.

Extrañamente, la referida controversia no arranca producto de las protestas de los vecinos, como suele suceder en este tipo de conflictos urbanos. En este caso fue el Intendente de Santiago quien, gracias a la publicación de una foto en twitter, finalmente le dio la notoriedad pública y la escala que requería un problema que ya se venía fraguando hace años. Como en casi toda crisis, ésta se genera cuando fallan coincidentemente varios de los actores principales del sistema. Parte del sector privado se equivocó. Qué duda cabe. En la industria inmobiliaria hay actores que todavía no comprenden la lógica de la legitimidad antes que la pura legalidad al minuto de viabilizar inversiones inmobiliarias. Se híper densificó, reventando la norma y el barrio, desatendiendo de forma egoísta las numerosas externalidades negativas que generan este tipo de proyectos. Por su parte, la normativa quedó obsoleta. Va siempre un paso atrás de lo que requiere la ciudad y en este caso, está lejos de ordenar las legítimas tensiones que se generan entre proyecto, entorno y comunidades. Finalmente, el sector público -en particular las autoridades de Estación Central con competencia para iniciar la elaboración del plan regulador comunal- pecaron de omisión, permitiendo el desarrollo de proyectos estructurados en base a las normas del PRMS, muchas veces insuficientes, generalistas y poco precisas para la realidad comunal.

Durante el proceso de investigación y desarrollo del libro, como así también, durante su posterior difusión -que incluyó la visita a más de diez universidades a lo largo de todo Chile- me llamó sistemáticamente la atención que desde las escuelas de arquitectura no emergiera más producción académica, es decir, más artículos, seminarios y libros que tematicen y evalúen, desde diversas perspectivas, el proceso de densificación que estamos viviendo en nuestro país. Tal parece ser que este asunto ha sido un tema más atractivo para los políticos, empresarios, organizaciones ciudadanas, medios de comunicación e incluso, para los institutos de políticas públicas, antes que para las escuelas de arquitectura. Lo anterior no deja de ser extraño, ya el tema de fondo de todo este asunto, pasa por diseñar la forma en que se canalizará la demanda masiva por viviendas que entreguen una mejor calidad de vida urbana a la fortalecida y mayoritaria clase media del país, que viene migrando desde la periferia sur de la ciudad.

Difícil saber por qué el tema de la densificación y sus externalidades ha despertado poco interés, como tema de discusión e investigación, en las escuelas de arquitectura. Sin embargo, después de conversar informal y exploratoriamente con varios arquitectos, muchos de ellos también académicos, se pueden levantar algunas hipótesis que, sin pretender ser concluyentes, suenan razonables. En primer lugar, las grandes transformaciones de la ciudad no están siendo lideradas desde la academia, sino que desde el mercado. Dicho esto, las complejidades de la densificación son problemas que le afectan, en lo concreto, mucho más a los municipios, vecinos e inmobiliarios antes que a las universidades. Es decir, la universidad está lejos del tema. Así también, tal parece ser que la desconfianza y la distancia histórica que existe entre los académicos ligados al mundo de la arquitectura y el sector inmobiliario también influyó en que éste haya sido, hasta antes de la aparición pública del asunto, un tema poco discutido y analizado. Por otra parte, el problema de diseñar viviendas residenciales en altura para la clase media, a pesar de ser un tema de indiscutida relevancia social, parece ser un tema bastante menos “cool” para los estudiantes de arquitectura, que proyectar un museo, un centro cultural, un gran espacio público o la segunda vivienda en la playa para una familia de clase alta.

El gran riesgo que corren las escuelas de arquitectura cuando se mantienen al margen de estos grandes temas es entrar en cierto estatus de irrelevancia pública. Estar lejos de los asuntos que le importan al país. Por cierto que tampoco se trata de investigar e influir en base a lo que dicta el people meter de la opinión pública, pero me parece que habría que reaccionar frente a las señales de cierta pérdida de liderazgo en la esfera pública.

03

Mayo
2018
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